¿Cómo limpiará el Santo de Israel a Su pueblo de toda impiedad según el libro de Isaías?

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La inevitable purificación de Israel

El profeta Isaías era, «según la tradición judía… de sangre real; [y] a veces se ha inferido de los relatos y oráculos de su libro que, cuando menos, era de origen noble».[1] Un profeta brillante y cuyo nombre revela el mismo ministerio al que fue llamado a favor de su pueblo: «Jehová salva». El profeta descubre la majestad soberana de Dios sobre todo y su amor inquebrantable para con el pueblo de Israel con el fin de salvarlo. Esta salvación, es evidente, tiene que ver con los juicios que vendrían de parte de Dios mismo por el pecado de la nación.

Dios promete purificar a Israel a través del juicio.

De manera preliminar, la pregunta que concierne a esta investigación tiene una respuesta inmediata: Dios promete purificar a Israel a través del juicio. Es decir que luego del juicio vendrá la salvación del pueblo, habrá una renovación del pacto y finalmente una limpieza que permitirá que Jerusalén funcione como la capital del reino milenial y donde las naciones, antes en hostilidad abierta, ahora se convertirán con Israel y serán gobernadas por un Siervo supremo de parte de Jehová. Este Siervo representa y restaura a la nación y asimismo provee las bendiciones para todas las demás naciones de la tierra, tal como se ve en 49:6; es decir que con respecto a este Siervo, él tendrá un «ministerio [que] consta de dos aspectos: a) Restaurar el remanente de Israel (vv. 5–6a). Esto es semejante a lo que encontramos en Daniel 9:24 en relación con el propósito de las setenta semanas decretadas contra Israel. b) Ser luz a las naciones llevando la salvación hasta lo último de la tierra (vv. 6b–7)».[2]

La restauración, un proceso definido

A continuación, Isaías describe los detalles de esta restauración que acaba de mencionarse como asunto pertinente a la investigación que se lleva a cabo.  Isaías capítulo 1 es el pasaje clave para la comprensión puntual del asunto. El pueblo de Israel está en pecado continuo contra Dios, «la condición espiritual de sus hijos era repulsiva; estaban llagados y sus putrefactas heridas no habían sido limpiadas ni vendadas. La disciplina que Dios les había enviado no los había humillado ni los había apartado del pecado como él quería… siguieron tercos y en un estado lastimoso, heridos y ulcerados desde la planta de los pies hasta la cabeza».[3] Israel continuó demostrando una conducta sincrética, es decir, servían a Jehová y a otros dioses demostrando de  esta manera su profundo orgullo puesto que pregonaban a viva voz que eran ellos quienes escogían a quién servían y a quién no.

Habrá un restauración futura, Dios no deja de cumplir sus promesas hechas y desarrolladas a través de los pactos con su pueblo, tanto Abrahámico (Gn. 12); mosaico (Ex. 19) y el pacto davídico (2 Sam. 7).


De esta forma, ya en el capítulo 2, Dios promete un juicio debido a esta altivez y soberbia porque él es el Santo de Israel (Is. 2:11-12), un juicio que hará esconderse a los hombres (Is. 2:18-19). La maldad de la nación se exteriorizaba por medio de su materialismo (Is. 2:6-8); las injusticias de sus gobernantes (Is. 1:23); la tergiversación de lo bueno y lo malo (Is. 5:20); la auto-justificación (Is. 5:21); borracheras (Is. 5:22); injusticias (Is. 5:23); y el permanente rechazo de la ley (Is. 5:24). Todas estas manifestaciones de impiedad señalan que «cuando la vida consiste en la búsqueda del pecado, la negación del Dios vivo y la reescritura del código moral, no hay forma de evitar caer en la más completa devoción a la búsqueda de la satisfacción personal».[4]

Sin embargo, en este proceso de juicio Dios promete restaurar a la nación (Is. 1:24-27), especialmente hay que destacar Is. 1:27 que declara de manera enfática que «Sión será rescatada con juicio, y los convertidos de ella con justicia». Este es, quizá, el texto que apunta al corazón de la respuesta a la pregunta planteada en este ensayo. Habrá un restauración futura, Dios no deja de cumplir sus promesas hechas y desarrolladas a través de los pactos con su pueblo, tanto Abrahámico (Gn. 12); mosaico (Ex. 19) y el pacto davídico (2 Sam. 7).

Probablemente, la manifestación de este cumplimiento se puede leer en capítulo 4, versículos 2 al 6 donde el futuro glorioso de Jerusalén se relacionará con la acción del Señor cuando «lave las inmundicias de las hijas de Sión, y limpie la sangre de Jerusalén de en medio de ella» (Is. 4:4). Pero esto, no sin tener en cuenta la demostración más gloriosa de esta restauración que será la presencia misma del Mesías, el Siervo de Jehová, en medio de ella. Es que Isaías 2:1-4 al igual que la profecía de Miqueas 4:1-5 (contemporáneo de Isaías), muestran que en los postreros tiempos la redención de Israel y su rescate del juicio será a través de alguien que traerá una armonía internacional entre las naciones producto del reinado del Mesías en Jerusalén. Esto no es otra cosa que la confirmación del pacto davídico (2 Sam. 7) como se puede percibir en otros textos de Isaías que nos hablan del trono de David con relación al Mesías en el futuro reino mesiánico (Is. 9:6; 16:5) y su autoridad en la figura de alguien con una llave (Is. 22:22) que es «emblema de su oficio sobre la casa, para “abrir” y “cerrar” pues el acceso a ella dependía de él».[5]

El profeta Isaías destaca de manera contundente que el Mesías será el encargado de lograr una purificación completa de su pueblo.

Una restauración literal

Finalmente, se puede recalcar que el texto de Isaías 2:1-4 destaca un cumplimiento profético literal que incluye no menos de cinco elementos que abarcará la restauración futura de la nación: La geografía (Is. 2:1); el tiempo en que ocurrirá, es decir «los postreros tiempos» (Is. 2:2a); un aspecto topográfico (Is. 2:2b); un elemento universal que incluirá a todas las naciones  (Is. 2:3) y una indicación de lo que será la naturaleza del reinado del Mesías (Is. 2:4). Así es como el profeta Isaías destaca de manera contundente que el Mesías será el encargado de lograr una purificación completa de su pueblo, El será quien establecerá «calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad [y donde]no pasará inmundo por él» (Is. 35:8).


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[1] J. D. Douglas, «Isaías», Nuevo Diccionario Bíblico, (Downers Grove: Certeza, 1991), 644.

[2] Roberto Lloyd G., Tu Dios reina, (Puebla: ELA, 1995), 80.

[3] John A. Braun, «Isaías» La Biblia Popular (Milwaukee: Northwestern, 27), 2003.

[4] J. A. Motyer, Isaías (Barcelona: Andamio, 1993), 96.

[5] Robert Jamieson, A. R. Fausset y David Brown, «Isaías», Comentario exegético y explicativo de la Biblia (El Paso: Casa Bautista, 1981), 586.





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Ricardo Daglio

Ricardo Daglio

Ricardo estuvo pastoreando por 16 años en Salto, Uruguay. Desde el 2008 pastorea la Iglesia Bíblica de Villa Regina (UCB) en Villa Regina, Río Negro, Argentina. Está casado con Silvina y tienen tres hijos: Carolina, Lucas y Micaela. Estudio en el Instituto Bíblico de la Unión de Centros Bíblicos. Continuó su capacitación en el Instituto Integridad y Sabiduría y está cursando su Maestría en Ministerio Bíblico en The Master's Seminary.