¿Cómo se ve la fidelidad de Dios hacia el pacto davídico en 1 y 2 Crónicas?

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter

Introducción

Recalar en 1 y 2 Crónicas en la narrativa del Antiguo Testamento significa mucho más que un repaso de la historia de la nación de Israel. No hay duda que la sumatoria de nombres capítulo tras capítulo comunican una exquisita documentación que favorece al trazado de una línea cronológica sumamente relevante para el momento de la historia de la nación de Israel.

Tal como 1 y 2 Reyes fue escrito para los que atravesaban en ese momento el cautiverio, 1 y 2 Crónicas lo hace para quienes están de regreso.

Su contenido señala a una mirada retrospectiva para los destinatarios originales y que responde a la pregunta de: «¿Cómo es que están de regreso de la cautividad?» Tal como 1 y 2 Reyes fue escrito para los que atravesaban en ese momento el cautiverio, 1 y 2 Crónicas lo hace para quienes están de regreso, y quizá se podría afirmar como lo dice John Sailhamer que es para «dar a sus lectores otro punto de vista de la historia de Israel, y proveer más explicación de los eventos ya registrados en Génesis y hasta 1 y 2 Reyes»[1].

El panorama

Es significativo hacer un panorama general y veloz de los libros de Crónicas para los propósitos del presente ensayo. De los veintinueve capítulos de 1 Crónicas, solamente nueve (1-9) conciernen a las genealogías que abarcan desde Adán hasta la contemporaneidad del autor de Crónicas, algo claramente necesario para los lectores; y sin embargo los restantes veinte capítulos tienen que ver con los acontecimientos relacionados a la vida del rey David. Por el lado de 2 Crónicas, los primeros 9 capítulos relatan los hechos durante el reinado de Salomón, hijo de David, y en especial la construcción del Templo; y los últimos veintisiete capítulos narran la historia de la dinastía davídica. Pero ¿y el reino del norte, Israel? Es que «el autor hace un bypass de la mayoría de su historia a favor de un más detallado trato del reino del sur, Judá… [y] Segundo Crónicas finaliza con el edicto de Ciro, el rey persa, que es anunciado luego del exilio y la reconstrucción del templo en Jerusalén»[2].

Hay una intención definida en lo que se acaba de apuntar, y es que «según Crónicas, el pacto davídico es el elemento que más claramente expresa el sentido de la vida continua de Israel como pueblo de Dios»[3]. La sana interpretación de las Escrituras debe recordarle al lector que Dios es el personaje principal en la narrativa y a través de todo el libro inspirado, y por esta razón es menester que aquí pueda hacerse hincapié en lo mismo, ya que la fidelidad divina destaca como una gema a lo largo de toda la exposición del autor de las Crónicas.

La fidelidad de Dios

En lo que respecta a los pactos hechos con Israel, Dios ha permanecido fiel cumpliendo lo prometido a Abraham (Gn. 12:1-3; 15); al igual que lo que dijo en el pacto Mosaico (Dt. 28:64; 30:1-5); y ahora concretándolo con el pacto davídico, que es lo que destaca en 1 y 2 Crónicas; de manera específica en 2 Crónicas 7:18; 13:5; 21:7; pero también en referencia a las promesas hechas a David en 1 Crónicas 17:18, 23, 26; 2 Cr. 1:9; 6:10, 15, 42; 21:7; 23:3. El pacto davídico «es también la corriente principal de la que fluyen dos de los principales afluentes que recorren los libros de Crónicas, a saber, la dinastía davídica (1 Cr. 28:5; 29:23; 2 Cr. 6:10, 16; 2 Cr. 13:8; 23:3), y el templo salomónico (1 Cr. 17:12; 22:6-11; 28:2-10; 2 Cr. 6:7-11)»[4]. Algunos detalles puntuales se necesitan destacar, a favor de una mayor valoración de cómo la fidelidad de Dios en cumplimiento al pacto davídico es observada a lo largo de las crónicas.

Algunos detalles puntuales se necesitan destacar a favor de una mayor valoración de cómo la fidelidad de Dios en cumplimiento al pacto davídico es observada a lo largo de las crónicas.

Si entonces 1 Crónicas destaca la misericordia y la gracia de Dios «desde Adán hasta el entronización de David, y la preparación del templo… [2 Crónicas muestra] los tratos justos y llenos de la gracia de Dios con la regencia de la casa de David desde la construcción del templo de Salomón hasta que fue destruido por Nabucodonosor»[5].  Algunos detalles puntuales se necesitan destacar, a favor de una mayor valoración de cómo la fidelidad de Dios en cumplimiento al pacto davídico es observada a lo largo de las crónicas. Tómese, por ejemplo, el lamentable acontecimiento del censo realizado por David, donde el ángel de Jehová estuvo a punto de destruir Jerusalén (1 Cr. 21:15); o el peligro de degeneración del linaje real representado en la insensata alianza que Josafat realizó con Acab, el más impío de los reyes del norte, y por la cual fue reprendido por el profeta Jehú (2 Cr. 19:1-3); o también la ocasión cuando Atalía, madre de Ocozías, «viendo que su hijo era muerto, se levantó y exterminó toda la descendencia real de la casa de Judá» (2 Cr. 22:10), pero Dios en su fidelidad preservó a Joás durante seis años en la casa de Dios (2 Cr. 22:12).

El pacto y el templo

Pero no solamente es a través de su pacto hecho directamente con David que la fidelidad de Dios brilla en las crónicas, sino también con relación al templo, el cual tiene una vinculación directa al pacto ya que la promesa hecha a David se dio en el marco del deseo del rey de construir una casa para Jehová; y esto es confirmado porque Dios mismo lo expresa en 1 Crónicas 17:4-14, de forma tal que el reinado de Salomón no solamente marca el apogeo de la era de oro del pueblo de Dios, también es el testimonio expreso de que Dios quiere habitar en su pueblo para siempre.

            La construcción del templo es, pues también, una evidencia del trato inviolable de parte de Dios para con David y su casa ya que el trono humano y la casa de Dios se funden en una expresión única, «él me edificará casa, y yo confirmaré su trono eternamente» (1 Cr. 17:12). Y fue en esta misma edificación y, más puntualmente, en la dedicación del templo que Salomón «celebra el “amor constante” de Dios, no sólo como una característica del pacto nacional que precedió a David (2 Cr. 6:14, compárese con Dt. 7:9), sino ahora enriquecida por el pacto davídico que inauguró una nueva era de gracia (2 Cr. 6:42)»[6].


[1]John Sailhamer, First & Second Chronicles (Chicago: Moody Press, 1983), 9

[2]Ibíd., 16

[3]Martin J. Selman, 1 Chronicles, Tyndale Old Testament Commentary (Nottingham, England: InterVarsity, 1994), 71

[4]Ibíd., 71

[5]Boyd, «1&2 Chronicles», 183-186

[6]Leslie C. Allen, 1, 2 Chronicles, The Preacher’s Commentary (Nashville: Nelson, 1987), 313




Más para leer

Ricardo Daglio

Ricardo Daglio

Ricardo estuvo pastoreando por 16 años en Salto, Uruguay. Desde el 2008 pastorea la Iglesia Bíblica de Villa Regina (UCB) en Villa Regina, Río Negro, Argentina. Está casado con Silvina y tienen tres hijos: Carolina, Lucas y Micaela. Estudio en el Instituto Bíblico de la Unión de Centros Bíblicos. Continuó su capacitación en el Instituto Integridad y Sabiduría y está cursando su Maestría en Ministerio Bíblico en The Master's Seminary.