¡Detente de una vez por todas!

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Porque el que siembra para su propia carne, de la carne segará corrupción, pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.

Gálatas 6:8

Lo he vivido muy a menudo y sigo batallando con eso muchas veces: la costumbre de menear la cabeza frente a una imagen de televisión impropia, o un lenguaje grosero. Esa sensación de que algo está mal, que no corresponde a un ciudadano del cielo, pero que “como estamos en el mundo y no somos del mundo” (Juan 17:15-16) tenemos un mínimo de licencia para continuar viendo.

Solamente hace falta que en un grupo de cristianos alguien haga la pregunta: “¿viste la última película de Tom Cruise?” y entonces se abre el grifo de comentarios que muestran que nadie es lo que parece. “Hay algunas partes que hay que saltearlas, pero ¡está buenísma!” Y así por el estilo, comentarios más, comentarios menos, los creyentes que un día fueron bendecidos con una triple bendición (1 Cor. 6:11), lavados, santificados y justificados; ahora coquetean con lo que Dios aborrece.

¿Qué nos está pasando?

¿Qué es lo que hace que la insensibilidad se pierda? Me encanta cómo le expresa el pastor Miguel Núñez en su libro Vivir con Integridad & Sabiduría “Cuando vivimos en una cultura profana, si no somos intencionales en evitarlo, lo profano poco a poco va a terminar contaminándonos; y sin darnos cuenta, de repente lo profano nos parecerá normal. Esto sucede, por ejemplo, cuando no filtramos lo que vemos en televisión. Poco a poco la televisión nos convence de que la inmoralidad, la falta de integridad y el pecado que vemos no son tan graves en realidad; o como a veces decimos: «Está mal, pero no tan mal como otras cosas” 1

La Biblia es la regla para definir qué es lo bueno y qué es lo malo, ponla a un lado y pronto serás como Sansón queriendo salir y huir sólo para descubrir que estás tan atado a tu costumbre que se te hace casi imposible dejarla.

Quedamos atados

Tu no sabes cuán difícil está el nudo hasta que comienzas a desatarlo. Eso es lo que pasa cuando no somos intencionales con lo que hacemos. Por un tiempo permitimos que nuestros oídos oigan blasfemias y malas palabras por televisión y pensamos: “bueno, es lo mismo que escucho en la calle o el trabajo así que no hay diferencia.” Por otro tiempo dejamos que nuestros ojos sigan mirando imágenes de desnudos o con insinuaciones super claras. ¿Y qué decir del vocabulario que comenzamos a utilizar? Ya puedes escuchar a los creyentes con lenguaje vulgar dentro de la familia y dentro de la misma iglesia ¿Te suena familiar?

Olvidamos las reglas básicas

Así por ejemplo (no hace falta rebuscar en muchos textos bíblicos) el apóstol Pablo dice: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad.” (Fil. 4:8). Si colocamos eso frente al televisor ¿adivina qué? Tu sabes la respuesta. La Biblia es la regla para definir qué es lo bueno y qué es lo malo, ponla a un lado y pronto serás como Sansón queriendo salir y huir sólo para descubrir que estás tan atado a tu costumbre que se te hace casi imposible dejarla.

Me recuerda a Sansón con Dalila. Una y otra vez la engañó en cuanto a hacerle saber en qué radicaba su gran fuerza. Siempre salió airoso (Jueces 16:6-14), hasta que al final no pudo (Jueces 16:20). El hábito de jugar con lo prohibido terminó venciéndolo. Así pasa también con nosotros, no sabemos cuán infestados estamos hasta que tratamos de desligarnos de ello.¿Y tú sabes lo que es eso? Idolatría. Un ídolo es cualquier cosa que nos domina.

Confesar el pecado y apartarse

Esa es la única respuesta posible. Salomón dijo: “El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y los abandona hallará misericordia.” (Pr. 28:13). Recuerda que el pecado no lo defines tú ni yo, lo define la palabra de Dios, quien es muy limpio de ojos para ver el mal (Hab. 1:13). Cuanto más refinamos la lectura, tanto más refinaremos la conciencia y tanto más seremos transformados a la imagen que miramos (2 Cor. 3:18).

Deja de llorar y de engañarte

Hemos sido arrastrados voluntariamente hacia una filosofía de vida que está lejos de ser la que refleja la santidad de Dios en toda nuestra manera de vivir (1 Pe. 1:13-17). Menear la cabeza, hacer zapping o adelantar la película de Netflix no te va a hacer más semejante a Jesús, ni te va a hacer más piadoso que otros; sólo va a cauterizar tu conciencia un poco más.

Se buscan creyentes genuinos, valientes; creyentes que comiencen sin temor a realizar el proceso de desintoxicación visual y auditiva por amor al crucificado, a Aquel que fue hecho pecado por nosotros (2 Cor. 5:21). ¿No quieres comprometerte a ello?

  1. Miguel Núñez, 2016, “Vivir con Integridad y Sabiduría” p.25 – Editorial B&H

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Ricardo Daglio

Ricardo Daglio

Ricardo estuvo pastoreando por 16 años en Salto, Uruguay. Desde el 2008 pastorea la Iglesia Bíblica de Villa Regina (UCB) en Villa Regina, Río Negro, Argentina. Está casado con Silvina y tienen tres hijos: Carolina, Lucas y Micaela. Continúa su capacitación en el Instituto Integridad y Sabiduría.