Dios a la Carta

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“Y Micaía dijo: Ahora sé que el SEÑOR me prosperará, porque tengo un levita por sacerdote.” – Jueces 17:13

No se puede negar que tener la oportunidad de sentarse en un restaurante para comer es un momento agradable. Te sientas, esperas al mozo, te trae la carta y tu la abres y escoges de todo el menú que ofrecen para finalmente escoger lo que más te apetece. Cierras el menú, lo entregas al mozo nuevamente y le dices: “quiero esto y esto y esto, por favor.” Ahora lo único que resta es esperar a que llegue la comida. El mozo está para servir, el cocinero también y tu solamente tienes que pagar.

Algo así parece que fue la sensación de Micaía en tiempo de los jueces. Sus ídolos y su pseudo sacerdote le garantizaban en su mente que Dios le prosperaría. Dios estaba para servirlo a él. Dios tenía que bendecir y darle lo que necesitaba porque él ya había hecho su parte. Claro, es de mucha utilidad recordar que el libro de jueces repite más de una vez que la gente hacía lo que quería en ese tiempo (Jueces 17:6; 21:25)

Cuando el corazón se entrona en el lugar que a Dios le corresponde, entonces Dios parece tener que estar a disposición de nosotros.

Un trono para un sólo dueño

La esencia de esto es enseñarnos que cuando el corazón se entrona en el lugar que a Dios le corresponde, entonces Dios parece tener que estar a disposición de nosotros. Dios se transforma en nuestro siervo y nuestro corazón en el centro de adoración. Este tipo de actitud no es más que una muestra insolente de lo que siempre promovió Satanás desde la caída en Génesis 3:5 “Pues Dios sabe que el día que de él comáis, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios…”

Recuerda que Dios no está para servirte. El hecho de que Cristo dijo: “No he venido para ser servido sino para servir” (Mr. 10:45) no significa que él vino para cumplir nuestros caprichos. El texto finaliza: “para dar mi vida en rescate por muchos”, lo cual transforma completamente la manera de ver las cosas. Pablo dijo a los Gálatas que estaba crucificado con Cristo quien “me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gál. 2:20). Semejante verdad es el corazón del evangelio, y el evangelio transforma nuestro corazón para dar a Dios no el lugar principal en él, sino para darle todo el corazón.

Mira con profundidad

¿Qué piensas tú? ¿Qué áreas de tu vida muestran que las cosas que haces y cuidas tienen como propósito que Dios te bendiga y no el demostrar que tú lo amas? ¿Crees que Dios tiene que estar a la orden del día para ti? Solamente una mirada más profunda al evangelio cada día volverá nuestros corazones al lugar de servicio y adoración que le corresponden a Dios. Recuerda: “Nosotros amamos, porque Él nos amó primero.” (1 Juan 4:19) y también que “por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” (2 Corintios 5:15)

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Ricardo Daglio

Ricardo Daglio

Ricardo estuvo pastoreando por 16 años en Salto, Uruguay. Desde el 2008 pastorea la Iglesia Bíblica de Villa Regina (UCB) en Villa Regina, Río Negro, Argentina. Está casado con Silvina y tienen tres hijos: Carolina, Lucas y Micaela. Continúa su capacitación en el Instituto Integridad y Sabiduría.