El poder de las palabras

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“Estas son las palabras que Moisés habló a todo Israel al otro lado del Jordán, en el desierto, en el Arabá, frente a Suf, entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Dizahab… Y sucedió que en el año cuarenta, el mes undécimo, el primer día del mes, Moisés habló a los hijos de Israel conforme a todo lo que el SEÑOR le había ordenado que les diera… Al otro lado del Jordán, en la tierra de Moab, Moisés comenzó a explicar esta ley, diciendo:…” – Deuteronomio 1:1, 3 y 5

Estamos frente a una nueva generación a punto de entrar en la tierra prometida, es una generación joven, pero delante tiene a un líder de 120 años quien posee toda la experiencia de una trayectoria de cuarenta años en el desierto. Sobre sus espaldas recae la gran responsabilidad de haber guiado al pueblo hasta el momento culminante en que la promesa hecha a Abraham se cumpliría finalmente. Toda una generación contemporánea a él había muerto poco a poco durante todos esos años y ahora le tocaría el turno a él, en poco tiempo.

Dios usó palabras para crear el mundo y usó palabras para guiar a su pueblo, y ahora que el pueblo está por entrar a la tierra prometida, volvió a hacer lo mismo a través de Moisés.

¿Qué debía hacer frente a tal situación? ¿Inflar su pecho y enumerar sus grandes logros? ¿Necesitaba esa nueva generación una película de todas las hazañas de este gran profeta? Pues Moisés pensó que no, de ninguna manera era eso lo más importante; y entonces el gran legislador comenzó a decir palabras, comenzó a hablar y comenzó a explicar la ley. Dios usó palabras para crear el mundo y usó palabras para guiar a su pueblo, y ahora que el pueblo está por entrar a la tierra prometida, volvió a hacer lo mismo a través de Moisés.

Necesitamos profundizar

Fíjate que el Espíritu Santo utilizó una palabra interesante para decir que Moisés comenzó a “explicar”; el usó un vocablo hebreo que es similar al vocablo “pozo” y por lo tanto, el autor divino nos está diciendo que Moisés comenzó a profundizar los dichos de Dios a la nueva generación. Nada nuevo y sin embargo, lo antiguo, más profundo todavía. Dios es inescrutable y debemos cavar más hondo en sus dichos, aprender más aún de su grandeza y su bondad. Sus palabras son espíritu y son vida.

Necesitamos oír

Ninguna cosa puede suplantar a la voz de Dios, sus palabras son la vida de sus hijos. ¿Acaso crees que alguna otra cosa podría sustentar a su iglesia? No existe nada que pueda ocupar aquello que Dios ha señalado para alimentar a su iglesia, recuerda que sus ovejas “oyen su voz” (Juan 10) y no hay otra manera de que esa voz sea conocida a menos que se predique la Biblia una y otra vez. Eso es exactamente lo mismo que pensó Moisés. ¿Qué otra cosa podría darle a la nueva generación? Ellos precisaban escuchar a Dios, no a Moisés.

Quiera el Señor sostenernos en la misma convicción no importa cuáles sean las experiencias nuevas por las que atravesemos. Su palabra y nada más que su palabra es lo que precisamos escuchar.

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Ricardo Daglio

Ricardo Daglio

Ricardo estuvo pastoreando por 16 años en Salto, Uruguay. Desde el 2008 pastorea la Iglesia Bíblica de Villa Regina (UCB) en Villa Regina, Río Negro, Argentina. Está casado con Silvina y tienen tres hijos: Carolina, Lucas y Micaela. Continúa su capacitación en el Instituto Integridad y Sabiduría.