¿Has pensado de lo que te pierdes con tu celular?

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Acabas de llegar a tu cita con el médico pero aún tienes que esperar, metes tu mano en el bolsillo y sacas tu celular por ningún motivo, sólo para “chequear”. Estás en el transporte público, viajando a tu trabajo, entonces ¿qué mejor cosa que aprovechar el tiempo mirando las últimas publicaciones de tus amigos en Facebook? Vas caminando a comprar algo, ¿por qué no ir mirando lo que Instagram tiene de nuevo? Llegas a tu casa, mejor con WiFi ahora, para ver las notificaciones de WhatsApp. Estás en una reunión con amigos, pero tu celular a la vista “por si llega una notificación” o simplemente porque quieres mostrar el último “meme”. Acabas de sacarte una selfie “tienes que” mandarla ya a tu grupo.
Piensa en la situación que sea: sólo, en el baño, en tu cuarto, en el auto, en la calle, en un comercio, en el trabajo, dónde sea, nuestros dedos se han acostumbrado a deslizar la pantalla de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba, de derecha a izquierda y de izquierda a derecha. Símbolos rojos, notificaciones, sonidos, vibraciones, memes, videos motivacionales, frases, el último chiste, el audio viral, etc.

“Continuamente” y “en todo tiempo” serían dos expresiones que describen la manera en que muchísimos cristianos hoy día están conectados con sus celulares. La práctica deja al descubierto que cuando se quiere algo, se hace inmediatamente y en cualquier lugar. Pero ¿has pensado lo que esto significa? Es abrumadora la cantidad de tiempo invertido en la auto gratificación y el culto al yo que fomenta el celular y que se oculta muchas veces bajo la excusa de “tengo que contestar el mensaje” o “espera que me están escribiendo” o “tengo que enviar esta foto”, o como quieras llamarlo.

Una de las verdades esenciales del cristianismo es la que declaró el apóstol Pablo acerca de la razón de la muerte y resurrección de Cristo en 2 Corintios 5:15 “y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” Esto incluye cada área de nuestras vidas, inclusive la relacionada con la tecnología. No estoy diciendo que debemos desecharla, porque sería insensato decir algo así, ya que todos sabemos cuán útil es la comunicación virtual hoy en día, aún para las verdades espirituales. Pero Salomón dijo que “Hay un tiempo señalado para todo” (Ec. 3:1) y que “hay un tiempo para cada cosa y para cada obra” (Ec. 3:17). Pero ¿cómo podemos aprender a vivir para Cristo en este área también? No pretendo dar una extensa lista de cosas, pero sí estimularnos a pensar en lo que nos perdemos cuando no estamos pendientes de otras cosas como lo estamos de nuestros celulares y notificaciones.

1. Nos perdemos la posibilidad de orar

El apóstol Pablo dijo, “orad sin cesar” (1 Tes. 5:17). Tenemos acceso directo a Dios como nuestro Padre a través de la oración y por medio de Jesús. Imagínate si utilzaras tu tiempo en orar de la misma forma y con la misma frecuencia que chequeas tu WhatsApp, Facebook, Instagram, etc. ¿Lo has pensado? Te estás perdiendo la chance de crecer en este área que es un mandato para el cristiano. ¿Qué ocurriría si hicieras de la oración el mismo hábito instintivo que tienes para revisar su celular?

2. Nos perdemos la chance de disfrutar la paz de Dios

El profeta Isaías dijo: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.” (Is. 26:3). Si perseveraras en pensar en Dios como la fuente de tu confianza y no lo que otros opinan todo el tiempo en las redes sociales o servicios de mensajería, entonces tendrías mayor disfrute de la paz de Dios que incluye estabilidad en cualquier circunstancia, sea agradable o no. ¿Qué pasaría si hicieras de tu meditación en Dios el mismo hábito instintivo que tienes al revisar tu celular?

3. Nos perdemos la oportunidad de enamorarnos de la Biblia

El salmista dijo: “Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.” (Salmo 119:97). A semejanza del varón de Salmo 1 que “en su ley (de Jehová) medita de día y de noche” el autor del Salmo 119 también expresa su anhelo de estar pendiente de la Palabra de Dios continuamente por causa del amor que le tiene a ella. Piénsalo, ¿qué pasaría si hicieras de la meditación en la palabra de Dios el mismo hábito instintivo que tienes para sacar tu celular del bolsillo y revisarlo?

¿qué pasaría si hicieras de la meditación en la presencia de Dios a tu lado y delante de ti, el mismo hábito instintivo que practicas para revisar tu celular?

4. Nos perdemos la bendición de una mayor conciencia de la presencia de Dios

David dijo, “Al Señor he puesto continuamente delante de mí; porque está a mi diestra, permaneceré firme.” (Salmo 16:8) Uno de los tesoros de bendición más grande que posee el cristiano es la promesa de Cristo de que estaría con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mateo 28:20). Parte de esto se hace realidad a través de guardar su palabra en el corazón, pero considerar de antemano que él va delante de nosotros y a nuestro lado es una garantía para no experimentar conmociones inesperadas en la vida. Míralo de esta manera, ¿qué pasaría si hicieras de la meditación en la presencia de Dios a tu lado y delante de ti, el mismo hábito instintivo que practicas para revisar tu celular?

5. Nos perdemos la certeza de una seguridad insustituible

Cuando David era ya un anciano, luego de muchos años de experiencia y de muchos salmos escritos, él dijo esto: “Sé para mí una roca de refugio, a la cual pueda ir continuamente; tú has dado mandamiento para salvarme, porque tú eres mi roca y mi fortaleza.” (Salmo 71:3) David siguió confiando en Dios hasta su vejez; su conocimiento teológico de Dios como una roca se transformó en un práctica de confianza continua, donde refugiarse en Dios fue algo natural para él. Si lo piensas bien, podrías preguntarte, ¿qué ocurriría si pusieras intencionalmente tu confianza en Dios sobre todo lo que de él conoces con la misma frecuencia que utilizas para mirar tu celular?

La vida y toda su vorágine nos empujan a hacer cosas que nos roban la bendición de la obediencia y el disfrute de Dios y todo lo que él es. Te animo a considerar mejor tus hábitos y comenzar a poner tu celular aparte, en silencio, o consultarlo menos; pero especialmente a sustituir la frecuencia de su uso con estos principios bíblicos que te otorgarán más beneficio y generarán una vida de piedad que no será estorbada por ningún sonido, vibración o notificación pasajera.

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Ricardo Daglio

Ricardo Daglio

Ricardo estuvo pastoreando por 16 años en Salto, Uruguay. Desde el 2008 pastorea la Iglesia Bíblica de Villa Regina (UCB) en Villa Regina, Río Negro, Argentina. Está casado con Silvina y tienen tres hijos: Carolina, Lucas y Micaela. Continúa su capacitación en el Instituto Integridad y Sabiduría.