La consagración al alcance de todos

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“El Señor habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: “Cuando un hombre haga un voto difícil de cumplir, él será evaluado según tu valuación de personas pertenecientes al Señor. “Si tu valuación es de varón de veinte hasta sesenta años, entonces tu valuación será de cincuenta siclos de plata, según el siclo del santuario.”

– Levítico 27:1-3

Al final del libro de Levítico Dios establece una ley sobre los votos, es decir, cosas que alguien podía consagrar a Dios, sean personas, animales o inclusive una casa. En algunas ocasiones, la consagración hacía imposible que pudiese ser literal; por ejemplo, si un padre deseaba consagrar a su hijo para servir a Dios en el tabernáculo, no podía hacerlo si no era de la tribu de Leví, que era la única que Dios había escogido para que le sirviera con las ofrendas y todo el servicio sacerdotal (Números 3:12). Pero a pesar de eso, podía traer su caso al sacerdote y éste haría una valuación según la edad y el sexo de la persona. O si deseaba consagrar su casa, o un animal que era necesario para sus tareas cotidianas ¿qué podía hacer?

Sin excusas

Lo que es notable de estos votos es que de cualquier manera, y de forma concreta, todos podían ofrecer un voto de consagración al Señor. En ese sentido no había excusa alguna, aunque no fuera un levita, cualquier persona de la manera establecida podría ofrecer al Señor su vida, la de su hijo, un animal o su propia casa para que sean del Señor. Todo tenía un precio y por lo tanto cada persona tenía el privilegio de servir a Dios de la mejor manera posible y no con descuido sino a través de algo que le cueste y que implique un sacrificio que, si bien no lo justificaba, sí era de agrado a los ojos de Dios.

Las alternativas para servir

He oído muchas veces a cristianos decir que no hay nada que puedan hacer en sus iglesias o simplemente que no pueden servir en ciertas áreas ministeriales o en la obra de Dios, y quizá ese es tu caso. Pero ¿qué te parece? ¿crees acaso que no podrás estar involucrado sirviendo al Señor en ninguna manera? No es así. Quiero animarte a pensar un momento, quizá es cierto que tu no puedes salir a la obra misionera pero ¿qué acerca de consagrar una parte de tus entradas para entregar a un servicio que está lejos de ti pero que será de gran utilidad en manos de otra persona? (3 Juan 5-6) O ¿has pensado en que aunque no puedes dar una clase de niños puedes suplir para los materiales que un maestro necesita para ello? Quizá no puedes hacer visitas por cuestiones laborales pero ¿has preguntado qué precisan aquellos que sí pueden hacerlo y dedican su tiempo en esa tarea?

El Señor puede usar tu consagración de maneras que nunca has imaginado, sólo hace falta que tengas tu corazón abierto y tu vida dispuesta como instrumento limpio.

Muchos jóvenes o hermanos han sido bendecidos por participar de algún campamento cristiano o un viaje misionero, o alguna conferencia bíblica sólo porque alguien que no podía participar por razones de trabajo o de salud, ha invertido su dinero y ahorros en ellos para que sean edificados al poder concurrir en su lugar. Algunos han ofrecido sus hogares para un estudio bíblico, aunque no pueden predicar ni enseñar, pero sí pueden servir con su living o sus bienes para la extensión del evangelio.

Encuentra la forma, ora acerca de eso

Hay muchas formas de consagrar al Señor nuestras vidas, tiempo, dinero, y aún nuestros hogares. Dios tiene cuidado de valuar lo que tenemos y no lo que quisiéramos tener. Recuerda las palabras de Pablo: “Porque si hay buena voluntad, se acepta según lo que se tiene, no según lo que no se tiene.” (2 Corintios 8:12). El Señor puede usar tu consagración de maneras que nunca has imaginado, sólo hace falta que tengas tu corazón abierto y tu vida dispuesta como instrumento limpio.

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Ricardo Daglio

Ricardo Daglio

Ricardo estuvo pastoreando por 16 años en Salto, Uruguay. Desde el 2008 pastorea la Iglesia Bíblica de Villa Regina (UCB) en Villa Regina, Río Negro, Argentina. Está casado con Silvina y tienen tres hijos: Carolina, Lucas y Micaela. Continúa su capacitación en el Instituto Integridad y Sabiduría.