Los profetas evaluaron a los reyes de Israel en 1 y 2 de Reyes, ¿cuáles fueron las conclusiones de su evaluación?

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La importancia del marco histórico

Si existe una sección en la narrativa de la Palabra de Dios sobre la cual se precisa un entendimiento claro acerca del trasfondo histórico, es la que atañe a los Reyes. Son cerca de 385 años desde el reinado de Salomón aproximadamente en el 971 a.C. hasta la caída de Jerusalén en el 586 a.C. Se requiere una considerable pericia en la lectura para amalgamar los hechos con los mensajes proféticos durante todo este período. Si bien en la Biblia hebrea Reyes es un solo libro; en nuestras Biblias está divido en dos. 1 Reyes, el libro donde el reino se divide, «muestra el estado de apostasía de la simiente espiritual en la nación en esos tiempos, y el providente cuidado de Dios para con ellos en medio de los cambios y vicisitudes del estado; y, sobre todo, transmite la verdadera genealogía del Mesías que confirma el recuento del evangelio de Mateo»[1] . Por el lado de 2 Reyes, «se registra el descenso y la caída tanto del reino del norte (Israel) como del sur (Judá) bajo el gobierno de distintos monarcas. A este período corresponde el ascenso de la profecía»[2].

Los profetas, figuras destacadas

Esta proliferación profética es un asunto radical para tener un juicio justo de los tratos de Dios con su pueblo, pero muy especialmente si se tiene en cuenta que la audiencia de Reyes estaba en cautiverio en el momento que el libro se escribe, donde ya no contaban con un rey que los gobierne,  y porque se les está presentando un panorama que revela las razones inapelables de su destierro de la tierra prometida. «Reyes, pues, no es sólo una crónica, política o religiosa, sino historia “sagrada” con el correspondiente comentario teológico, es decir, un comentario religioso a la historia»[3].  Al menos nueve profetas son mencionados por nombre en Reyes: Natán (1 Re. 1); Ahías (1 Re. 11, 12, 14, 15); Jehú (1 Re. 16); Elías (1 Re. 17-19, 21; 2 Re. 1-2); Micaías (1 Re. 22); Eliseo (1 Re. 19; 2 Re. 2-9, 13); Jonás (2 Re. 14); Isaías (2 Re. 19-20) y Hulda (2 Re. 22). Adicionalmente, hay dos profetas cuyos nombres no se mencionan y que hablaron de la futura profanación de Betel (1 Re. 13).

Los profetas tuvieron una parte significativa recordando a los reyes y al pueblo los requerimientos de Dios.

Por razones de espacio, solamente se hace mención de algunos aspectos puntuales sobre el desempeño del ministerio de los profetas en este tiempo y ni siquiera se describirá el papel que jugaron cada uno individualmente. Lo que sí es necesario destacar, y que concierne a la intención de esta presentación, es que estando la nación en franca decadencia, «los profetas tuvieron una parte significativa recordando a los reyes y al pueblo los requerimientos de Dios»[4]. La apostasía de Salomón, como la presenta Reyes, está acompañada por una exhortación directa de Dios al rey por no guardar el pacto (1 Re.11:11) y asimismo de la aparición de Ahías silonita quien le anuncia a Jeroboam su futuro reinado a causa de la infidelidad de Salomón quien juntamente con el pueblo, dice Dios, «me han dejado, y han adorado a Astoret diosa de los sidonios, a Quemos, dios de Moab, y a Moloc dios de los hijos de Amón; y no han andado en mis caminos para hacer lo recto delante de mis ojos». Este no es un registro menor en Reyes ya que orienta a los lectores originales a recordar cómo se fracturó el reino y por qué fue el rey Jeroboam quien con su pecado e idolatría descrito en 1 Reyes 12:25-33 dio inicio a la serie de profecías recurrentes y a través de todos los profetas, en cuanto a la futura cautividad de la nación. Así, Ahías evalúa a Jeroboam severamente y profetiza por vez primera lo que la las maldiciones de Deutronomio ya habían anticipado; es decir, que «Jehová sacudirá a Israel al modo que la caña se agita en las aguas; y él arrancará a Israel de esta buena tierra que había dado a sus padres, y los esparcirá más allá del Eufrates» (1 Re. 14:15). No es algo que no hubieran sabido ellos, pues el mismo Salomón en la dedicación del templo, lo había recordado también (1 Re. 8:46-51).

Elías y Eliseo

Quizá la deidad más recurrente en Reyes es Baal; «su nombre es usado en el Antiguo Testamento principalmente para referirse al dios de la fertilidad de los cananeos»[5]; y su influencia sobre la nación fue abrumadora desde su aparición en Números 22, con la historia de Balaam.

Pero para lidiar con un dios falso como este, de quien el rey Acab y su esposa Jezabel albergaron no menos de 450 profetas, Dios levantó a su vocero Elías para condenar la maldad de Acab «quien guío a la nación de Israel a rechazar a Dios como su Señor, un pecado que el profeta combatió durante su ministerio»[6]. El profeta Elías expresa la carga de su corazón y su queja por la nación de Israel al describir puntualmente su pecado en 1 Reyes 19:14, «…los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a todos tus profetas». Esta es una declaración que resume los factores que derivaron en el destierro de la nación: Desprecio del Señor, su adoración y sus voceros.

Junto con Elías; el profeta Eliseo fue quien abarcó «casi un siglo desde Acab hasta Joás, nieto de Jehú, y ocupan cerca de un cuarto de los libros de Reyes»[7]. Este Eliseo es quien de alguna manera, «domina el relato y es quien dicta el flujo de la historia al ser el heraldo de los decretos de Dios acerca del futuro»[8].Su participación es fundamental con relación a los reinos extranjeros como Siria y Moab, especialmente en tiempos de gran hambre en la nación donde incluso los propios hijos serían la comida de los padres; algo que era congruente con las advertencias también expresadas en el libro de Deuteronomio (Dt. 28:38-42; 56-57).

Si bien su mensaje apunta al juicio de Dios por los pecados de Judá, Isaías vislumbra el camino de salvación para la nación a través del Mesías prometido

Isaías y Jeremías

Las dos menciones finales le corresponden al profeta Isaías y al profeta Jeremías ya que sus ministerios tuvieron un papel importante en los últimos 165 años de la existencia del reino del sur, Judá. Isaías fue contemporáneo con Oseas, Miqueas y Nahúm; y el profeta Jeremías lo fue con Ezequiel y Daniel (ambos en cautividad), y con Habacuc, Sofonías, Nahúm y Abdías. El mensaje tan amplio de Isaías abarcó los reinados de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, unos 40 años antes de la cautividad del reino del norte y hasta unos 25 años después de él. Si bien su mensaje apunta al juicio de Dios por los pecados de Judá, Isaías vislumbra el camino de salvación para la nación a través del Mesías prometido (Is. 53). Por su parte, Jeremías es quien vive para ver la caída final de Jerusalén y su evaluación de la nación se observa desde el inicio de su ministerio, pero marcado por categóricas expresiones sobre el abandono del pacto, «Se han vuelto a las maldades de sus primeros padres, los cuales no quisieron escuchar mis palabras, y se fueron tras dioses ajenos para servirles; la casa de Israel y la casa de Judá invalidaron mi pacto, el cual había yo concertado con sus padres» (Jer. 11:10); pero es también quien anuncia el nuevo pacto (Jer. 31:31-33).

El juicio

Por último, dos capítulos de 2 Reyes merecen especial mención porque muestran el involucramiento directo de los profetas. El capítulo 17, que es una descripción del declive final del reino del norte con una exquisita descripción de los pecados de la nación desde versículo 7 al 23 y con la exclusiva mención de que «Jehová amonestó entonces a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y de todos los videntes, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos… más ellos no obedecieron… hasta que Jehová quitó a Israel de delante de su rostro, como él lo había dicho por medio de todos los profetas sus siervos; e Israel fue llevado cautivo…» (Jer. 17:13, 14, 23). Igualmente el capítulo 25 que desarrolla los acontecimientos finales que encaminaron el destierro a Babilonia del reino de Judá en el 586 a.C., tal como Jeremías lo había profetizado.



[1]Robert Boyd, Boyd’s Bible Handbook (Eugene, OR: Harvest House Publishers, 1983), 154

[2]Ibíd., 166

[3]Donald J. Wiseman 1&2 Kings, Tyndale Old Testament Commentaries 9, (Nottingham, England: InterVarsity, 1993), 24

[4]Ibíd., 34

[5]Wilton M. Nelson, «Baal», Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville: Caribe, 1977), 247

[6]John MacArthur, A House Divided, (Nashville: Nelson, 2009), 36

[7]Wiseman, 1&2 Kings, Tyndale Old Testament Commentaries 9, 35

[8]Paul R. House, 1, 2 Kings, The New American Commentary 8 (Nashville: B&H, 1995), 364





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Ricardo Daglio

Ricardo Daglio

Ricardo estuvo pastoreando por 16 años en Salto, Uruguay. Desde el 2008 pastorea la Iglesia Bíblica de Villa Regina (UCB) en Villa Regina, Río Negro, Argentina. Está casado con Silvina y tienen tres hijos: Carolina, Lucas y Micaela. Estudio en el Instituto Bíblico de la Unión de Centros Bíblicos. Continuó su capacitación en el Instituto Integridad y Sabiduría y está cursando su Maestría en Ministerio Bíblico en The Master's Seminary.