Peligros de una apariencia espiritual

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“Y os servirá el fleco, para que cuando lo veáis os acordéis de todos los mandamientos del SEÑOR, a fin de que los cumpláis y no sigáis vuestro corazón ni vuestros ojos, tras los cuales os habéis prostituido,” – Números 15:39

Un recordatorio práctico

De todas las cosas que Dios mandó a su pueblo ninguna fue tan importante como la reiterada orden para que oigan, recuerden y guarden sus mandamientos. La única esperanza de solvencia espiritual para el pueblo radicaba en la palabra de Dios. Vendría un día en que Dios la escribiría en sus mentes y corazones (Jeremías 31) pero mientras tanto, ellos debían saber que su reconocimiento y su valor eran necesarios para una sana y perdurable relación con Dios y para el desarrollo de una nación santa que lo represente.

Así fue como Moisés dio un mandato divino de que la ropa del pueblo tuviera flecos que les permitieran, al mirarlos, acordarse de todo lo que Dios había dicho. Este sencillo implemento en su ropa serviría para que su atención no se centrara en ellos mismos, en sus corazones o en sus razonamientos. Una simple mirada a los flecos les recordaría que Dios había dejado mandamientos y que ellos no debían sugerir otra cosa más original para creer que eran un pueblo obediente.

Es esto lo que ocurrió en tiempos de Cristo quien dijo de los judíos “que hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres; pues ensanchan sus filacterias y alargan los flecos de sus mantos.” (Mateo 23:5).

Exageración no recomendada

Sea cual sea la manera práctica y directa en que esto funcionaba, la verdad es que el principio implicaba que las personas no se pusieran a establecer sus propias ideas sobre una vida santa a partir de lo que a ellos les parecía. Ciertamente, la ausencia de los flecos indicaba un descuido total del mandato, pero tampoco Dios había sugerido que ellos debían hacerlos tan evidentes para que otros se fijaran en ellos. Es esto lo que ocurrió en tiempos de Cristo quien dijo de los judíos “que hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres; pues ensanchan sus filacterias y alargan los flecos de sus mantos.” (Mateo 23:5).

El verdadero espíritu de la ley

Dios no quiere que mostremos una apariencia de alguien que sólo se acuerda de su palabra; Dios quiere que te acuerdes de ella y la ames y la obedezcas. Una apariencia exterior no hará absolutamente nada para mejorar tu relación con Dios pero sí fomentará el orgullo y hará que tu corazón y tus ojos se transformen en la regla que dirige tu vida y tus decisiones. Si la palabra de Cristo por medio del evangelio no mora en abundancia en tu corazón (Col. 3:16); otra persona o cosa será quien estará señoreando sobre tu alma.

Una apariencia exterior no hará absolutamente nada para mejorar tu relación con Dios pero sí fomentará el orgullo y hará que tu corazón y tus ojos se transformen en la regla que dirige tu vida y tus decisiones.

Te daré lo que creo es un buen consejo: quita de tu vida todo lo que está distrayendo tu atención de lo que Dios ha dicho; me refiero a razonamientos sobre qué es o cómo debería ser un cristiano, qué cosas crees tú que señalan la madurez espiritual, lo que crees que es la santificación, etc. Creo que deberías tomarte el tiempo para erradicar todo eso de tu vida, y para eso debes leer tu Biblia con atención. Tus ojos no deben mirar otra cosa que no sea lo que el Espíritu Santo ha inspirado para que creamos y aprendamos: la palabra de Dios y lo que ella dice acerca de estas cosas, la madurez, la santificación, etc. Podrías preguntarte: ¿qué cosas están marcando el paso en mi andar cotidiano? ¿Qué principios espirituales gobiernan mi corazón y mi vida? ¿Es la palabra de Dios o son las ideas que me invento o cómo razono mi fe cristiana?

Piensalo, y que el Señor te ayude. El ha prometido enseñar el camino en que debemos andar (Sal. 32:8); ha provisto ejemplos de hombres que oraban por dirección espiritual (Sal. 25:4-5). Ora en esa dirección, pues así oraba David también en busca de la voluntad de Dios, “me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío; tu ley está dentro de mi corazón” (Sal. 40:8).

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Ricardo Daglio

Ricardo Daglio

Ricardo estuvo pastoreando por 16 años en Salto, Uruguay. Desde el 2008 pastorea la Iglesia Bíblica de Villa Regina (UCB) en Villa Regina, Río Negro, Argentina. Está casado con Silvina y tienen tres hijos: Carolina, Lucas y Micaela. Continúa su capacitación en el Instituto Integridad y Sabiduría.