¿Quién te dijo eso de tu pastor?

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“Y se juntaron contra Moisés y Aarón, y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y el SEÑOR está en medio de ellos. ¿Por qué, entonces, os levantáis por encima de la asamblea del SEÑOR?”

– Números 16:3

En su peregrinaje hacia la tierra prometida, un día el pueblo de Israel comenzó a murmurar de los hermanos Moisés y Aarón. La murmuración no tenía asidero, pero igualmente se esparció por todo el campamento. Los que hicieron esto fueron los mismos que estaban sirviendo quienes, no contentos con su labor, arremetieron contra los líderes aduciendo que se atribuían orgullo y señorío sobre la congregación. Nadie menos indicado para hablar y murmurar como los de Coré, ellos eran los que llevaban las cosas más delicadas y santas del tabernáculo sobre sus mismos hombros. (Números 7:9)

Oportunismo ministerial

Los hombres de Coré no vieron su trabajo como un servicio sino como una oportunidad para “escalar posiciones” en el ministerio sacerdotal. Grave error, incomprensible pecado. Pero a su orgullo hay que sumarle su absoluta falta de discernimiento sobre la labor que Moisés y Aarón cumplían sobre el pueblo de Dios; ellos fueron puestos por Dios, ellos no buscaron ningún lugar de privilegio. Pero desde ese ministerio dado por el Señor, ellos se mantuvieron fieles, firmes y constantes en lo encomendado. Las críticas a ellos, eran críticas a Dios y eso es un asunto indivisible: criticar a los siervos de Dios es criticarlo a él mismo.

Lamentablemente hay muchos hombres que están en lugares de servicio y posiciones ministeriales de responsabilidad quienes han utilizado eso para promover sus nombres y sus posiciones (1 Timoteo 6:5); pero también es de dolerse por todos los casos en que hombres fieles y que ocupan su tiempo en sacrificio y servicio por Dios (1 Timoteo 5:17) y quienes han sido juzgados indebidamente, acusados de orgullo y de una conducta que perseguía ventajas personales, pero que jamás han transitado ese camino sino todo lo contrario.

Los hombres que sirven al pueblo de Dios están en el lugar que él los puso y nunca han tomado esa posición por iniciativa propia.

Llamados a ministrar

Los hombres que sirven al pueblo de Dios están en el lugar que él los puso y nunca han tomado esa posición por iniciativa propia sino que fueron puestos allí en su ministerio por el Señor de la mies para beneficio de su iglesia. (Hechos 20:28) Es importante que tu examines tu corazón e intenciones cada vez que vas a abrir tu boca para criticar o juzgar a tu pastor u otra persona. Quizá puedas preguntarte:

  1. ¿Por qué tengo esta impresión?
  2. ¿Hay algo que tiene mi pastor que yo quisiera tener?
  3. ¿Es mi actitud una que refleja falta de discernimiento?
  4. ¿He orado por mi pastor?
  5. ¿Le he expresado cuánto aprecio lo que hace y le he dicho que quiero apoyarle en oración por su trabajo espiritual?

Reflexiona

Quizá la historia de Coré y su séquito puede hacerte reflexionar sobre si tienes una actitud similar. Tu pastor no está encima de la asamblea, él está debajo de todos sosteniendo, apoyando, orando y sufriendo por sus necesidades y problemas. Gracias demos a Dios por todos los hombres que Dios ha levantado y que están allí porque no han confiado en ellos mismos para lo que hacen sino en Aquél que los llamó para ministrar a su iglesia.

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Ricardo Daglio

Ricardo Daglio

Ricardo estuvo pastoreando por 16 años en Salto, Uruguay. Desde el 2008 pastorea la Iglesia Bíblica de Villa Regina (UCB) en Villa Regina, Río Negro, Argentina. Está casado con Silvina y tienen tres hijos: Carolina, Lucas y Micaela. Continúa su capacitación en el Instituto Integridad y Sabiduría.