Volver al futuro

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter

¿Quién no recuerda las saga de películas Volver al futuro? La imaginación volaba viendo a Marty McFly y al Doc Emmet Brown haciendo de las suyas y llevando nuestra imaginación hacia ilimitadas combinaciones de posibilidades.

Hace poco me hicieron la pregunta: “Si pudieras enviarte mensajes al pasado, ¿que consejo te darias a ti mismo en tu primer año de preparación bíblica, con la probabilidad de dedicarte al ministerio? ¿Qué cosas evitarías? ¿Qué cosas harías que no hiciste?” Son buenas preguntas. De hecho creo que los que estamos en el ministerio, muchas veces nos la estamos formulando consciente o inconscientemente.

Me pareció oportuno tomarme el tiempo para pensar y escribir algunas cosas que bien pudieran ser útiles para los que vienen apuntando a un ministerio cristiano.

¿Qué consejo daría?

Creo que es importante que vivas con excelencia. De hecho el apóstol Pedro nos dice que hemos sido llamados por esto mismo (2 Pedro 1:3) y que estamos aquí para anunciar las excelencias de Cristo (1 Pedro 2:9) (la palabra “virtud” es la palabra griega -aretes- que se traduce también como excelencia). Esto significa que no estás mirando solamente llegar al final sino cómo llegas al final. Creo que es crucial que nunca olvides que el proceso es tan importante como la meta, que el proceso determina la meta. Por lo tanto, disfruta cada instancia del estudio para que puedas incorporar la mayor cantidad de información, conceptos, valores, enseñanzas y vivencias puesto que las vas a precisar una vez que pases la línea de llegada.

Creo que es importante que vivas con excelencia. Esto significa que no estás mirando solamente llegar al final sino cómo llegas al final.

¿Qué cosas evitaría?

Como medida principal, evitaría las distracciones. Hoy tenemos una avalancha de cosas que hacen que la distracción sea más violenta, y me refiero a que la tecnología no nos favorece para llevar una vida con menos distracciones; todo lo tenemos al alcance de la mano en nuestros celulares.

Sin embargo, creo que la distracción siempre ha sido un tema de actitud, más que de actividad. En ese sentido, establecer prioridades de antemano ayuda a que la desatención se haga menos frecuente. Una vez que establezco las prioridades será más fácil determinar qué cosas van primero y cuáles ocuparán mi tiempo libre o de distensión. Proverbios 12:27 dice que la posesión más preciosa del hombre es la diligencia. Entonces evitaría cualquier cosa que se presente como un enemigo de ella en mi vida, especialmente aquello que me estorbe en mi peregrinaje a través de la lectura bíblica anual.

También confrontaría el legalismo en mi vida. Hice muchas cosas por temor a los hombres, sin convicción bíblica. Al hacerlo, gasté mis fuerzas en lo que no debía y las desperdicié para lo que eran necesarias y lastimé a muchas personas involuntariamente. El legalismo es destructivo, te hace orgulloso y te desgasta espiritual y emocionalmente. El legalismo te priva de lo más hermoso: vivir plenamente la gracia de Dios que nos fue dada en Jesús.

¿Qué cosas haría que no hice?

Leería más. Leería sistemáticamente y abundantemente. Puedo decir que la lectura de la Biblia ha sido bien aprovechada, pero no tanto la lectura de libros cristianos y aún libros seculares. Libros de teología, biografías, doctrina y consejería.

Pediría más consejo. Me acercaría más a los que ya están ministrando para preguntarles sobre sus fortalezas y sus debilidades.

Memorizaría más la palabra de Dios. Creo que no hay cosa que favorezca más a una buena preparación para el ministerio que guardar sistemáticamente en el corazón las Escrituras.

Escribiría. Todos sabemos el valor de lo que el legado de otros significa. Cuando leemos lo que otros aprendieron, también aprendemos. Si hubiera escrito las cosas que viví, quizá este artículo sería más largo y más sustancioso.

Disfrutaría más. Puede que esto sirva para cerrar el círculo que inicié al hablar de la excelencia más arriba, pero se me hace necesario repetirlo porque pocos se dan cuenta que son los procesos y no los logros los que nos forman. Entonces aprovecharía cada cosa que me enseñan, que leo y que escribo para que mi vida tenga un disfrute abundante. 

Recordaría más sobre glorificar a Dios. Cuando David dijo que “los cielos proclaman la gloria de Dios” (Salmo 19:1) y cuando el apóstol Pablo dijo que cualquier cosas que hagamos sería para la gloria de Dios (1 Cor. 10:31), nos dejaron una lección ejemplar que yo debía haber recordado para entender cuál era el fin principal de todo lo que hacía: la fama de Dios y nadie más.

“Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.” – 2 Corintios 3:18

No podemos regresar al pasado, pero tampoco debemos descuidar el futuro. Al fin y al cabo, todos tendremos que dar cuenta a Dios por lo que hayamos hecho (2 Cor. 5:10). Para eso, hay que ocuparse sabiamente del presente. Hoy tu mismo estás escribiendo tu propia historia; si mis consejos te sirven de algo, úsalos. Pero recuerda que cada vida es preciosa a los ojos de Dios y tenemos todo lo que necesitamos para vivir agradándole. La Biblia es suficiente, ella nos asegura que podemos mirar al espejo espiritual para seguir siendo transformados a la imagen de Jesús (2 Cor. 3:18).

Más para leer

Vida Cristiana

Peligros de una apariencia espiritual

Una apariencia exterior no hará absolutamente nada para mejorar tu relación con Dios pero sí fomentará el orgullo y hará que tu corazón y tus ojos se transformen en la regla que dirige tu vida y tus decisiones.

Ricardo Daglio

Ricardo Daglio

Ricardo estuvo pastoreando por 16 años en Salto, Uruguay. Desde el 2008 pastorea la Iglesia Bíblica de Villa Regina (UCB) en Villa Regina, Río Negro, Argentina. Está casado con Silvina y tienen tres hijos: Carolina, Lucas y Micaela. Continúa su capacitación en el Instituto Integridad y Sabiduría.